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Las enseñanzas del Dalai Lama y Thich Nhat Hanh sobre la Vacuidad
Eduardo Francisco Freyre Roach
Introducción
La verdad que durante la semana que estuvimos visitando la Ciudad Templo antigua de Angkorr, centro de la civilización Khemer, y uno de los enclaves del budismo Tharavalda en Cambodia, y en Asia, no pudimos adentrarnos en el budismo que se práctica allí. Pero fue poco el tiempo. Entonces, en los 5 días nos íbamos temprano en la mañana a meditar en las ruinas de los templos.
Después, en los sitios de peregrinación budista en la India donde estuvimos (Bodghaya, Ladark, Sarnat, el Río Ganges, Nalanda, y Rajgir) tuvimos la oportunidad de convivir y debatir con monjes, disfrutar un poco del budismo de la vida cotidiana (monástica y laica), y leer libros y artículos sobre Buda y el budismo.
Pero no es mi intención compartir todos los detalles de este hermoso viaje. Quisiera más bien hablar de las enseñanzas que sobre la vacuidad impartieran su Santidad Dalai Lama en el Seminario del Darma Budista (“Seminar on Buddha Dharma”) en el Valle de Nubra, India, del 23 al 27 de julio, 2010) y el Master Zen vietnamita Thich Nhat Hanh en el Retiro de Conciencia Plena (“Mindfulness Retreat”) celebrado del 4 al 8 de noviembre de 2010 en Hong Kong.
Las enseñanzas del Dalai Lama en el Valle de Nubra
El 22 de julio temprano en la mañana partimos hacia Summor. Ese día la carretera estaba repleta de carros, buses y camiones. Mucha gente como nosotros va al encuentro del Dalai Lama, monjes y monjas, pobladores de Ladark, turistas de la India y extranjeros, se prestan con gran entusiasmo a participar en las jornadas de enseñanza que ofrece. Durante el viaje el viaje de 5 horas en taxi, además de las lomas, valles y ríos, se ven gran cantidad de estupas y banderas alegóricos a Buda y el budismo. Nos sorprendimos al saber que el Dalai Lama había comenzado el Seminario on Buddha Dharma en la mañana. Pero a la 1 de la tarde alcanzamos a verlo en la actividad que ofreciera a los monjes y monjas. No entendimos nada, pues ese día no había traductores.
Nos trasladamos a Diskit, el lugar donde se desarrollaron las otras dos enseñanzas, la primera el 23 y la segunda nada menos y nada más que el 26 de julio. Nuestra gentil traductora es chilena, domina muy bien el tibetano y el ladaki, y desde muchos años se fue a vivir a Daramsala, lugar donde el Dalai Lama se instaló una vez que clandestinamente abandonó el Tíbet, tras la ocupación China de esa región en 1959.
Antes de cada una de las enseñanzas se escenificaron debate entre monjes, práctica cotidiana en los monasterios budistas. Cada discursante expresa su idea, se inclina hacia delante, y da palmas, como acentuando la veracidad de su planteamiento. El debate se asume como instrumento de enseñanza, para facilitar su interiorización. Después de esta actividad recitan mantras y sutras en homenaje y devoción a Buda y los Bodichitas. Las enseñanzas giraron fundamentalmente en torno la doctrina del filósofo budista Nagarjuma, y la educación budista científica y secular. Con menor intensidad se refirió a la religión.
El Dalai Lama presenta la filosofía de Nagarjuma como el saber de una “sabiduría transcendente”, o del profundo saber de la “vacuidad”, y dice que es un tema que sería bueno que la gente de Ladark entendiera bien, dando a entender que la práctica de un feligrés budista consiste en obrar en concordancia a esta sabiduría y no solo con la práctica de la devoción, la recitación, y las ofrendas a Buda y los lamas.
Este destacado filósofo budista, de la Escuela Mahayanica, habla de la superación de las concepciones, según las cuales los fenómenos se consideran, se nominan o imputan como si tuvieran existencia intrínseca, inmanente, inherente, independiente, y permanente. A las mismas opone la idea de la “Originación Dependiente”, “Originación Interdependiente” u “Originación Condicionada” (“Pratityasamutpada”)1. Y eso significa que nada existe de forma intrínseca, independiente e impermanente, que todos los fenómenos son resultados, efectos o consecuencias de determinadas causas y condiciones, y, por lo tanto, su esencia o última realidad es la vacuidad. Tanto los “agregados” (“Skandals”), es decir, de los cincos sentidos, son en última instancia vacuidades. Dalai Lama enfatizó que la vacuidad no es igual a la nada, que no se trata de asumir una posición nihilista ni fatalista de la realidad.
De la tesis de la vacuidad se deriva que no hay nada que no este sometido a la Ley del Karma, es decir que no haya sido causado y condicionado. Por lo tanto ni existe Dios ni tampoco un alma independiente por encima del mundo. Esto marca la diferencia entre el budismo y otras religiones y filosofías. Como se conoce Aristóteles de la aceptación de la causalidad universal postula silogísticamente la existencia de las “causa primera”, la “causa de las causas”, o “el primer motor”, conceptos a los que más tarde apeló Santo Thomas Latino y la escolástica latina para fundamentar racionalmente la existencia de Dios. La teoría de la causalidad de Buda contrasta con la teoría de Aristóteles, el tomismo, la escolástica, y el cristianismo.
La ignorancia de la interdependencia, impermanencia, carencia de identidad, y vacuidad de todo cuanto existe y de nuestro yo, se acompaña de aferramientos a los deseos. Prácticar a través de la meditación, la recitación de sutras y de mantras, así como la liturgia tantrica, ha de ponerse en función no de hacer fortuna y alimentar envidias divinas, sino hacer que los agregados se conviertan en estado puro de la divinidad, la unificación y emanación del cuerpo y la mente de Buda. Este es el camino de la no violencia, la tolerancia, la compasión, el perdón, la generosidad, el altruismo, y el amor, que conduce a la liberación de las emociones negativas, aversiones, aflicciones o estados “samsáricos”, es decir, de sufrimientos, dolor e infelicidad, y a través del cual se logra alcanzar el estado supremo de “budidad”, “Iluminación”, o “Nirvana”, y donde se supera el ciclo de la originación condicionada. Es alentador escuchar que, si bien no podemos echar atrás los pensamientos negativos y malas las acciones pasadas, que acompañan a la ignorancia de la vacuidad, si podemos purificar o disminuir su efecto samsarico.
Las enseñanzas en Diskit comenzaron en la mañana del 26 de julio. Antes de ir para el lugar del seminario, en el desayuno nos acordamos de esta importante fecha histórica en Cuba, brindamos con agua y te con leche, como se toma en la India. Como en las otras enseñanzas, el Dalai Lama fue recibido con toques de tambores y cornetines ladakis. También como siempre, el nos ofrecía su sonrisa, su calma y sabiduría. Volvió a referirse a que sin el conocimiento adecuado es imposible lograr lo que deseamos: cesación de sufrimiento, liberación total de sus garras, y propiciarnos buen “renacimiento”. Estas son metas a largo plazo, no a corto plazo como las metas ordinarias o mundanas. No importa la cantidad de cosas, vestidos y comidas que tengamos. Beneficiar a los demás nos garantiza un buen renacimiento y una total liberación del sufrimiento. Dalai Lama aclara en esta enseñanza que una causa permanente no podría producir resultado alguno, y que todo este pensamiento budista está en correspondencia con la teoría de la evolución de Charles Darwin, la teoría de la relatividad, y la teoría cuántica.
No se puede vivir pensando en que los demás no tienen razón, y que nosotros si la tenemos. Eso no es más que aferramiento al yo, a un yo que en realidad no es independiente ni tampoco impermanente. Si asumimos una vida egocéntrica y egoísta es que estamos ignorando la verdadera realidad, y no podríamos aguantar la más mínima provocación. Dalai Lama en este punto se refiere a que los psicólogos demuestran que quien asume esa posición es más propenso a los ataques del corazón, a la pérdida de la paz mental, y la calma. También demuestran que nuestra mente tiene la capacidad de ser clara y conocedora, y que practicando la compasión y la concentración se reducen las perturbaciones mentales.
Exhorta a que no se pueden tomar las enseñanzas de Buda de forma literal y ciega, sino que hay que interpretar y pensar profundamente, que hay que tener mente abierta y amplia para asimilar sus maravillosas enseñanzas, hay que apelar a la lógica, no a la fe ciega, aceptar las cosas fácilmente, no es correcto, se necesita pensar, y razonar, y no aferramiento ciego. Los budistas modernos no solo oyen a los Lamas, también están al tanto de la ciencia.
La verdadera práctica de la sabiduría de la vacuidad consiste en nunca responder con el enfado. La práctica de meditar y respirar ayuda mucho a contrarrestar esos engaños, y es la práctica de tomar y dar, es como tomar el sufrimiento de los demás sobre mí, y practicar la liberación de las ataduras, aferramientos o apegos. No esperemos que los demás nos adulen, ni que terminemos atrapados por intereses mundanos. Si somos conscientes de la vacuidad de los fenómenos, nunca seremos prisioneros del enfado, y del resto de emociones negativas. Hay que considerar a los demás como objetos supremos, y debemos considerarnos siempre inferior a los demás, nunca por encima de los demás. Beneficiar a los demás seres sintientes es la meta que debemos asumir en la vida cotidiana. Y eso es considerar a los demás seres más valioso que mi mismo, “más valiosos que las joyas que colman los deseos”.
Incluso, es preferible ofrecer la victoria a los demás, y aceptar la derrota, y eso es actuar con sabiduría y compasión. Si una persona nos ataca, hay que considerar como un amigo precioso y sagrado. Eso es difícil, pero el bodichita verdadero puede hacerlo y practicarlo. Y una persona que supuestamente consideramos nuestro enemigo, es al final, nuestro guía espiritual. Esa persona nos da la posibilidad de practicar la sabiduría transcendente, la paciencia, la compasión, el amor y la tolerancia. Para nosotros los tibetanos, dice Dalai Lama, el gobierno chino nos ofrece la oportunidad de practicar esa sabiduría, la calma, la paciencia, la compasión, son prácticas que nos permite pelear contra los engaños mentales.
Por último, basándose en uno de los poemas del VII Dalai Lama, plantea que la práctica de la vacuidad nos evitaría que se seamos capturado por las nociones extremas, los agobios, y los enfados. Y ese es el camino para liberarnos de la caja de acero del aferramiento al ego y las acciones pasadas.
Al terminar la enseñanza, cuando los escoltas nos orientaron a que saliéramos del lugar, hacia otro, no sabíamos que se trataba de eso. Después nos vimos frente por frente del Dalai Lama. Agradeció que estuviéramos allí oyendo sus enseñanzas. Se refirió a la necesidad de cultivar la belleza interior. Rozó la “cuestión tibetana”. Desaconseja el cambio de religión, pues se corre el riesgo de conflictos, y que, independientemente de la religión que se profese, el budismo pudiera contribuir a llevar una mejor la vida en la actualidad.
Entre la primera enseñanza y la tercera visitamos el monasterio de Thiksey Rinpoche, otra gran personalidad en el budismo tibetano. Afectuosamente nos recibió en su oficina, nos bendijo, puso su mano en nuestras cabezas, y nos entregó un collar rojo.
Durante todo este tiempo estuvimos también consultando escritos sobre Buda y el budismo en el Mahabodhi International Meditation Centro de Leh. En uno de esos días y durante dos horas asistí a una clase meditación “vipassana”que impartiera una monja de origen chino. Ese día compré la edición del 2008 de The Art of Living. Vipassana Meditation as tauht by S.N. Goenka, donde se explica muy bien la meditación vipassana que practicó y aconsejó Buda ni es contemplación ni relajación ni autointoxicación ni introversión ni instropección ni mucho menos escapismo o retiro de la realidad. No se necesita ser devoto de Buda para realizar esa práctica, y se recomienda para preparar el cuerpo y la mente ante las adversidades de la vida, para disminuir el potencial samsárico de las aversiones, las ataduras, los aferramientos, los enfados, y celos, y, en fin, de todas las aficciones que acompañan a la creencia o ilusión en un mundo y en un yo autónomos, idénticos y permanentes, que es, fue, y será. Consiste en esencia en la concentración en la respiración, en las sensaciones y emociones.
El tema de la originación interdependiente y la vacuidad es recurrente en las obras del Dalai Lama. En su The Four Noble Truh (edición 14, 2009) recarca que el entendimiento de esta tesis depende del tipo de razonamiento que se aplique. La escuela budista Madhyamaka-Svatantrika se aferra a la intrínsiquedad y la objetividad de las cosas. Uno de los miembros de esa escuela, Bhavaviveka, quien fuera discípulo de Nagarjuna, razona que de que aceptarse la tesis de la vacuidad, entonces, habría que negar la existencia de todo, se caería en el nihilismo, y no habría posibilidad de superar el estado samsárico, y alcanzar el nirvana. La escuela Madhyamaka-Prasangika (Chandrakirti y Buddahapalita, también discípulos de Nagarjuna) se opone al razonamiento silogístico de la escuela Svatantrika, y aplica más bien un estilo de razonamiento consecuencialìstico (reductio ad absurdun). Eso significa que, estamos expuestos al arbitrio de los aferramientos, enfados, y miedos, cuando somos presos de la ilusión de que las cosas tienen existencia objetiva, intrínseca y permanente.
En uno de los trabajos, titulado Interdependence, compilado en su The Power of Compassion (edición 12, 2001), el Dalai Lama habla de la “vacuidad de la vacuidad”, dando a entender de que para Buda ni siquiera la vacuidad en sí misma ni es absoluta ni independiente. Al igual que en las enseñanzas en Nubra, Dalai Lama habla de un budismo en línea con la ciencia moderna, de Buda como científico, de la “ciencia budista”, del “budismo en la educación secular”. Dijo en su Brain science and ancient Indian Buddhist thought, ponencia presentada en 58 Conferencia de la Neurological Society de la India (2009), que en los monasterios tibetanos se están introduciendo conocimientos de teoría darwiniana de la evolución, de psicología y neorociencias.
Y, por último, en su libro How to see yourself as you really are: A Practical Guide to Self-Knowledge (edición del 2006), el Dalai Lama, sugiere un conjunto de técnicas de meditación para la práctica de la vacuidad de las cosas y el yo, así como de la compasión y el amor.
Choong Mur Keat en su The notion of Emptiness in Early Buddhism (1999) plantea que la vacuidad es un concepto que no es central en la tradición mahayana temprana, que después, en la escuela filosófica Madhyamika, cuyo fundador es Nagarjuna, se conecta con la idea de la originación interdependiente u originación condicionada, y el “camino medio”, como un objeto o espacio de meditación, como algo que aparece una vez que hemos desterrado la idea del “en sí mismo”, y como nirvana.
Según A.K Warder en su Course in Indian Philosophy (1998) plantea que la teoría de Anatta es la contribución más importante del budismo en la filosofía. Esta teoría del no atma ha sido como una manzana de la discordia entre el budismo y otras religiones, entre las tradiciones monáticas budistas, y entre las escuelas filósoficas budistas. De esto se habla con detalle en Buddhadasa Bhikkhu en The Buddha´ s Doctrine of Annata. A Comparative Study of Self and Not-Self in Buddhismo Hinduism and Western Philosophy (1970).
Una proyección contemporánea de esta polémica puede estudiarse en libros como Indian Buddhist Theories of Persons. Vasabandhu´s Refutation of Theory of Self (2006) de James Dverlinger. Walpola Rahula en The Doctrina of No-Soul: Annata (2006) cuenta que Buda en una ocasión guardo silencio cuando Vacchagotta le preguntó si existe el alma, pero también cuando le pregunta si existe el no alma. Ananda le pregunta por qué guardó silencio respecto a las dos preguntas, y Buda le dice, que si en el primer caso dice “sí”, y en el segundo caso dice “no”, Vacchagotta iría a sentarse con los reclusos y los brahmanes, defendiendo sus teorías eternalistas y aniquilacionista del yo.
Las enseñanzas de Thich Nhat Hanh en Hong Kong
Como dije al comienzo, del 4 al 8 de noviembre del 2010 participamos en el “Mindfulness Retreat” (Retiro de Atención Plena) con el monje y master budista zen vietnamita Thich Nhat Hanh, aupiciado por el Centro de Estudios Budistas (Centre of Buddhist Studies) de la Universidad de Hong Kong), la Fundación Plum Village ( Plum Village Foundation) de Hong Kong, y el Centro Cultural Budista de China (Chinese Buddhism Cultural Centre).
Da gusto escuchar las 4 enseñanzas. Thay es claro, preciso, pausado, y con gran sentido de sabiduría y humor. Se refirió en la primera enseñanza a la “energía de la atención plena” como expresión de la “armonía entre el cuerpo y el pensamiento”. Si practicamos la meditación y la concentración en la respiración podriamos contrarrestar todo tipo de aflicciones como el enfado, la cólera, el odio, la frustración, y el miedo, y enfrentar las diversas situaciones de la vida, por muy difíciles y extremas que sean. La energía de la comprensión, compasión y amor, se desarrolla con la práctica de la compresión, la compasión y el amor, y, presupone la asunción filosófica de que en el mundo nada es independiente, incondicionado, permanente, ni en sí mismo, y, que la vacuidad es la naturaleza última de todo cuanto existe. En su The Heart of Understanding (edición del 2008), en su comentario del Sutra del Corazón de Buda, Thay explica detalladamente la vacuidad, una tesis que se deriva de la postulación de que todo en el mundo está interrelacionado. En sus términos, las cosas “inter-are”, “inter-son”, y se constituyen de elementos que no son de ellas (“no elementos”). La vacuidad quiere decir que las cosas, incluyendo nuestros cuerpo, nuestros sentidos, nuestra mente, nuestro yo, Buda, etc., son carentes de un “separate self” (“ser en sí mismo separado”). Si se asume esto plenamente, dejaríamos de sufrir, condenar, culpar, victimizar y castigar a los demas, o-y a nosotros mismos.
En la segunda enseñanza relata la historia de un soldado vietnamita que se encontró por primera vez con su hijo. Mientras que su esposa fue a comprar frutas para ofrendar a los ancestros, el hijo rehusó llamarlo de padre, y le dice que su padre es alguien que cuando la madre se sienta, el se sienta, cuando ella se para, el se para, cuando ella se acuesta el se acuesta, y cuando ella ríe y llora, el ríe y llora. La esposa no entendía que el esposo no la dejara postrarse ante el altar familiar, y se echa al río. De regreso del funeral, el hijo le señala a la pared, y le dice que ese es su padre. No es difícil darse cuenta que esta tragedia no ocurre entre personas entrenados en las prácticas de la atención plena de comprensión, generosidad, perdón, y humildad. Thay insistió en que detrás del sufrimiento propio viene la posibilidad de culpar y condenar, e infrigirle sufrimiento a los demás. El enfado, la rabia, y la cólera, terminan generando una acción errónea. La humildad y el estar dispuesto a pedir ayuda es la clave para no caer en esta lógica del sufrimiento propio y ajeno.
En la tercera enseñanza invita a pensar en la “sabiduría de la no discriminación”, es decir, es la práctica de evitar pensamientos, juicios y comportamientos discriminatorios, basados sobre todo en un pensamiento dualístico de la realidad. Recalca que todo se compone de “no elementos”, que en la felicidad hay infelicidad, que en la riqueza hay pobreza, etc. Nos pide que reflexionemos sobre la situación en que “la mano que tiene el martillo, golpea la otra mano, y no al clavo”. La sabiduría de atención plena de la mano víctima consistiría en no pedir al martillo para dañar a la otra mano.
Un pensamiento no dualístico y no discriminatorio implica también el entendimiento de que, al fin y al cabo, “nada nace ni desaparece”, “no van ni vienen de alguna parte”. El camino de las cosas no es del “no ser, al no ser, pasando por el ser”. En fin, dice Thay: ¡To be or not to be, esa no es la cuestión! Toma en sus manos una caja de fósforo, la mira, enciende un fósforo, mira la llama, y reflexiona: “Las cosas se manifiestan, se remanifiestan, continúan, y están de una u otra manera bajo tales o más cuales condiciones”. No hay Dios creador, si por ello se entiende una entidad separada del mundo. En todo caso somos manifestación o continuación de Dios, Jesús Cristo, o Buda, en la medida que mas despertemos nuestra potencialidad de atención plena, y de librarnos del sufrimiento y tener paz y felicidad “aquí y ahora”.
Todo parece indicar la simpatía del budismo de Thay con la mística cristiana, lo cual es más recurrente en su Linving Buddha, Livig Christ (edición de 1997). Allí habla de la similitud entre las vidas y enseñanzas de Jesús y de Buda. Dice que la energía de hacerlo todo con atención plena, en respirar, meditar, la compasión, y el amor, es como la energía del espíritu santo enviada por Dios. Dice que para él la vida de Jesús es más importante que la fe en la resurrección y la eternidad. La teoría de Buda sobre el “no en sí mismo” (la vacuidad) y del “no yo” o “no alma” (No-atman), ataca uno de los postulados fundamentales de la fe védica, bramánica o hindú, el sistema de castas, y el terrible tratamiento de los “intocables” (“Dalits”); y yo diría también de las viudas y los matrimonios arreglados de la película hindú Warter2. Thay dice: “Si Buda viviese en la sociedad de Jesús, con esas ideas, hubiese sido crucificado”.
La iluminación o Nirvana (en el budismo) o el Reino de los Cielos (en el cristianismo), es la experiencia presente del cese del sufrimiento, y los miedos, es la liberación o extinción de los conceptos dualísticos y discriminatorios como el de nacimiento y muerte, superior e inferior, más y menor, ir y venir, etc.
Y según Thay no es una experiencia, que más que hablarla, describirla o representarlas es vivenciarla. Al decir esto trae a colación la famosa sentencia del filósofo Ludwig Wittegenstein en su Tratatus philosophicus: “De lo que no se puede hablar es mejor callar”.
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1 Este surgimiento condicionado o dependiente contempla 12 eslabones o niveles, que van desde la ignorancia hasta el nacimiento y la muerte, pasando por la conciencia, el contacto sensorial, el aferramiento a los deseos, y el cambio o devenir.
2 Un film de Deepa Mehta, 2008, donde se cuenta la historia Chuyia, 10 años de edad, casada con un hombre 6 veces mayor que ella, y una vez que este muere es condenada a vivir en una casa donde las viudas son confinadas, y condenadas a la prostitución, pues no se le permite casarse de nuevo. La historia se ubica en 1938, en medio de la lucha de Mahatma Gandhi contra algunas de las tradiciones hindús.
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