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Agradecemos especialmente a Antonio Mezcua por su lectura de este texto y correcciones, a Alexis Alguilar Núñez por crear un blog dedicado al Budismo en Cuba, y a todos los sinceros practicantes de la armonía.
En una época en que el budismo está extendiéndose por occidente y cuando la práctica de éste comienza a dar sus primeros frutos, es interesante acercarnos al imaginario que le asociamos como inherente. Cuando nos mencionan la palabra Buda, lo más inmediato que aparece en nuestra memoria es una representación simétrica, con un halo rodeando la cabeza, de perfección dorada y resplandeciente que emite luz hacia todos lo seres.

Amitabha descendiendo sobre la montaña, período Kamakura, Japón, (S. XIII), color sobre seda, 138 x 118 cm.
Sin embargo, tardaremos en reconocer la imagen del Buda, en esta otra pintura ejecutada por Liang Kai, artista chino del siglo XII, del cual se sabe que abandonó su posición privilegiada en la corte para practicar el Zen. La pintura muestra una figura humilde y maltrecha de composición asimétrica, nada de la grandiosa sacralidad de la figura anterior nos queda. Sakyamuni aparece como una persona ordinaria, pudiera confundirse con un asceta anónimo que vaga errante por la montaña:

Sakyamuni descendiendo de la montaña, Liang Kai, (S. XIII), tinta y color sobre seda, 119 x 52 cm.
Y es que en el Budismo Zen, como explica el teórico Shinichi Hisamatsu en su libro Zen and the Fine Arts, la iconografía budista se abre a nuevos horizontes estéticos. Hisamatsu formula 7 características comunes a todas las artes del Zen que emanan de la comprensión que de éste camino espiritual tuvieron las culturas de China, Corea y Japón. Mediante el estudio de la primera de las 7 características formuladas en el libro, “la asimetría”, podremos comprender una parte importante de las aportaciones del Zen al arte budista.
"Asimetría
En primer lugar, ser asimétrico significa, después de todo, ser irregular. Ser irregular significa estar torcido o desequilibrado. Por ejemplo, un círculo, siendo redondo, es simétrico con respecto a cualquiera de sus diámetros. Sin embargo, hay figuras que también son redondas, pero que con forma irregular, no están bien equilibradas a lo largo o transversalmente, de manera similar, hay cuadriláteros con lados de longitud desigual. Tales figuras son, en otras palabras, desiguales, de modo que ser desequilibrado viene a significar ser desigual.

El universo, Gibon Sengai (1750-1837), tinta sobre papel.
En el arte de la caligrafía y del ikebana se habla de tres estilos: el formal o "correcto"; el semi-formal, o "corrido"; o el estilo "rápido" o informal. La asimetría es más afín al estilo informal, porque lo simétrico es más aproximado al estilo formal. Cualquier cosa desequilibrada y desigual es, por definición, in- formal.
Seguimos con el mundo de los números, los números impares (como conjunto) son asimétricos, mientras que los números pares (como conjunto) son simétricos. Dos, cuatro, seis, ocho y diez son divisibles por dos, y podemos decir que son simétricos, pero uno, tres, cinco, siete, nueve, etc… son números impares y son asimétricos."1

Karesansui, Ryōan-ji, Kioto, Japón.
Refiriendose a las representaciones del Budismo Tierra Pura como las del ejemplo Amitabha descendiendo sobre la montaña Hisamatsu expresa:
”... todas muestran razgos muy elegantes mostrando notable simetría. Evocan la sensación de ser perfectas, bien redondeadas y santas; la sensación de evitar la irregularidad. En consecuencia, parecen impecables (sin errores), distantes y de otro mundo. Para efectos de comparación, vamos a examinar una pintura budista de entre las obras que se presentan aquí, por ejemplo, Sakyamuni descendiendo de la montaña por Liang Kai. Esto revela la gran diferencia entre los dos tipos. Una de ellas es muy simétrica y elegante, la otra es en todos los aspectos asimétrica; en particular, nótese el rostro irregular de esta última. Como se ve fácilmente en la comparación, la segunda, tanto en sus colores y sus pinceladas, le da a uno la sensación de ser informal."2
"Desde el punto de vista Zen, estas pinturas budistas niegan las características de la pintura budista habitual, es decir, la perfección, la gracia y la santidad; no aspiran a esos ideales. Más bien, después de haber roto a través de estas formas ideales “formales”, estas pinturas poseen una libertad que ya no se ocupa de tales formas. Esta es la realización de lo que el Zen llama "pasiones mundanas caídas, vacías de todo intento de santidad"."3
"Ni imperfectas ni mundanas en el sentido ordinario, estas pinturas son imperfectas y mundanas, en el sentido de ir más allá de la perfección y la santidad.
El Zen es una religión de no-santidad. Normalmente, en religión, Dios o Buda es algo sacrosanto; en el Zen sin embargo, Buda no es sagrado sino la negación y la trascendencia de lo sagrado. Aquí también está la base, en el arte Zen, de su deformación, que no persigue ni se apega a la perfección; se parece a la frase de Lin-chi "matar al Buda, matar al patriarca."4
En estas citas podemos darnos cuenta de la originalidad del acercamiento del Zen a la representación del Buda bajo la influencia del Taoísmo chino. Esto se tradujo en que muchas veces una pintura Budista omitiera al mismo Buda, y en su lugar estuviera: una golondrina junto a una rama de sauce, unos caquis, una grulla, un paisaje brumoso de pinos o una escena del sexto patriarca Eno cortando un bambú. Esta desacralización del Zen de la imaginería budista, se ve muy bien en la anécdota de un monje que al tener frío en su cabaña tomó sin el menor reparo el buda de madera del altar y lo echó al fuego para calentarse. El espíritu práctico del Zen, que hace de cualquier actividad cotidiana ya sea barrer, limpiar, cocinar, o fregar los platos una práctica espiritual que requiere la mayor atención y cuidado, nos enseña que la verdadera esencia del Buda no está en una dimensión dorada y resplandeciente solo reservada para algunos monjes consagrados, sino aquí y ahora, en este lugar donde nos encontramos, cualquiera que este sea. En palabras del maestro Zen y pintor Hakuin (1685-1768):
“Todo cuanto existe es por naturaleza vida del ser superior,
del mismo modo que hielo por naturaleza es agua.
Separado del agua no hay hielo,
Separado de lo que existe no hay vida del ser superior.
Qué pena que los hombres no aprecien lo cercano
y busquen la verdad allá lejos:
son como quien estando en medio del agua grita de sed,
como un niño de casa rica que anda errante entre los pobres.”5
Por suerte el Zen ya ha abandonado desde hace años el hermetismo de los monasterios de Oriente, y se le puede encontrar en muchas ciudades occidentales en reducidos grupos que lo practican. La esencia del Zen no se capta leyendo textos, sino practicando y dándose uno cuenta de algo que está más allá de las palabras. La pintura a la tinta o sumi-e, es una de las artes relacionadas al Zen que apuntan al despertar de nuestra naturaleza esencial. En nuestros cursos y talleres de sumi-e, partimos de una explicación de las 7 características comunes a todas las artes del Zen, realizando luego una breve meditación en zazen para contactar con la serenidad que es imprescindible para crear una buena pintura a la tinta en armonía con la vía del Buda. La práctica del sumi-e como una de las vías del Zen, está dando y dará en Occidente nuevas aportaciones a la iconografía budista, diferentes a las del lejano oriente, pero esto ya es tema para un futuro trabajo más extenso y aún en gestación.
Rubén Fuentes, Invierno del 2011-2012.
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